viernes, 18 de octubre de 2013

Viaje a Marruecos

        Para este crédito, la primera idea que se me vino a la cabeza fue hablaros sobre el viaje de 3º de eso a Marruecos.

       Todos alguna vez hemos escuchado hablar de este país como uno relativamente pobre, aunque siempre hay excepciones.                                                                       
Cuando sabemos de éste, por ejemplo en las noticias, solemos lamentarnos y sentir pena pero aun así, solo sufrimos un momento y no nos centramos realmente en sus vidas hasta que las sentimos y vemos con nuestros propios ojos y con la que podemos salir de nuestra rutina tecnológica y material.
A esta gente, tanto mayores como pequeños, se les empieza a valorar más que a nosotros mismos cuando pasas con ellos algunos días, los conoces, los escuchas, te cuentan, vives sus vidas… ya que somos más afortunados por llamarlo de alguna manera al no tener necesidad de nada porque podemos decir que lo tenemos todo.                                                                        
      El primer día que llegamos a Marruecos solo pudimos ver las caras de pocos niños muy pequeños pidiendo por la calle desesperados con el fin de poder comer algo y que te agradecían con gran alegría el que le dieras lo más mínimo que tuvieras. No es lo mismo verlo por la televisión o en una foto en cualquier medio informativo, que vivir lo y no saber qué hacer en ese momento de "shock".                                                                                       

     Cuando llegamos al desierto pudimos meternos dentro de las vidas de algunas familias marroquíes. Nos llamó la atención cuando un grupo de amigos se tiraban al suelo por unos caramelos que les habíamos llevado nosotros, y tú pensarías, ¿Por qué se pelean si ahora pueden comprar más? Pues no, ellos no pueden comprar más y por una ocasión en la que podían conseguir algo sin necesidad de luchar por ello se lanzaron todos.
Visitamos un colegio donde uno de los profesores nos estuvo contando y explicando cómo era el día a día de la gente que vivía en ese poblado, tanto padres como hijos. Una niña se me acercó en cuanto llegamos a su pueblo, estuvo toda la tarde que pasamos en su aldea conmigo y después de un rato saqué de mi mochila una muñeca y unos lápices de colores. Nunca se me va a olvidar la cara de felicidad que me puso aquella niña tan pequeña. Al darme la vuelta desapareció y hablando con mis amigas la vi corriendo hacia mí con un pañuelo en la mano, me lo quería regalar a cambio de que se quedara con mis cosas.           

     Os he contado un par de anécdotas que son las que al volver a España me hicieron pensar principalmente que me equivoco arriba escribiendo que lo tenemos todo, que no nos falta nada y que somos más afortunados, es más, nos sobran cosas que no sirven para nada como: el rencor, el odio, el asco, el capricho… es increíble la felicidad que demuestran con sonrisas permanentes estas familias. Ha sido en este viaje donde me he dado cuenta de que no solo nosotros somos los únicos que podemos enseñarles cosas a ellos. Esta gente me ha enseñado a valorar todo lo que tengo y dar gracias por ello, a madurar, a ser más humilde, a crecer como persona, sobre todo a no centrarme en lo material y mil cosas más que os invito a que aprendáis vosotros mismos de los demás yendo a esta magnífica excursión qué vais a recordar siempre y que en un futuro disfrutareis contándola como yo y mis compañeros disfrutamos ahora y con la que se os podrán los pelos de punta. 
RECUERDA: la felicidad está en dar y no recibir.

                                                                                     Emma Bernal Muñoz.


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